La puta vanidad de no escoger un camino, de dejarse caer por el precipicio de la apariencia absurda.Un centro educativo no puede regirse por la vanidad y la desconfianza. No puede valerse de la ruptura ni de la utilización de otros para dar mensajes. Cuando la vanidad afecta a los discentes la cosa no es que sea grave, es gravísimo. Los docentes somos profesionales adaptables a las realidades en el aula (o así debería ser), pero en un centro educativo no cabe la posibilidad que por la vanidad de alguien sufran las consecuencias los discentes.
Cabe decir, si es políticamente incorrecto me la suda, que deberíamos luchar, trabajar y vencer nuestras vanidades.
Piensa en tus alumnos y para ellos, te debes a tu profesión y profesionalidad.
Quid dicit me?
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